19 octubre 2010

reflexión


La flecha la lanzo a un blanco ubicado frente a mis ojos. Ese blanco que veo, está dentro de mí. Es la serpiente que se muerde la cola; va para regresar a su punto de origen. Si te toco me toco. Qué sentido tendría subirse a un escenario a representar palabras, historias, sentimientos y demás peripecias de la humanidad, si estas no me interesan como mensaje.
¿Que aprendo de esto?
¿qué supuesta búsqueda interior se supone que estoy realizando?
¿No es vanidad?
¿Para qué entonces existe el teatro si no es para que suceda ese acto mágico de comunión, donde el actor resulta ser el sacerdote que oficia la ceremonia -una partícula se convierte en parte del todo y se regenera su ser-?
Y si es simple divertimento ¿Para que las paranoias?
El ARTE -en mi imaginario- del actor, debería verse más bien como una práctica de relajación activa, donde desde ahí solo estamos presenciando, cual médiums, el tránsito de la energía regeneradora que es resultado del estar tantas personas reunidas con un mismo fin. ¨Yo soy tu¨ esto nos puede remitir al verme reflejado en ti para poder, en escena, representar tus historias con la única y exclusiva finalidad de que me creas... ¿pero para que quiero que me creas si ni siquiera yo me creo? y esta pregunta no se refiere a si me creo la emoción que evoqué, porque esa seguramente me encantó y hasta me regodee en ella por momentos. La pregunta se refiere a no creerme realmente lo que estoy comunicando, pues no me interesa para nada el mensaje que transmito con mi cuerpo y mis palabras, ya que solo veo el tema. Si el tema no me afecta me encanta ¨representarlo¨. La flecha entonces no esta tocando dentro de mi, esta se queda perdida en el espacio sin un rumbo fijo, no logra tocarme y me quedo con la emoción de haber lanzado el tiro , la sensación de la cuerda tensándose y la increíble sorpresa al liberarse el tiro, pero nada ocurrió. la flecha si bien llego a su fin no dio en el blanco...¿y entonces qué sentido tiene seguir tirando flechas al vació?